Alcaldía contra el pueblo: cuando el gobierno local de Massamagrell se convierte en espectáculo
Un alcalde para morirse de hambre

Massamagrell debería ser un municipio donde la política sirva al vecindario, no al contrario. Pero lo que hemos visto en los últimos meses es una demostración triste de cómo la clase política —y especialmente la que gobierna— coloca intereses personales, pactos opacos y traiciones encima de las verdaderas necesidades de los ciudadanos.
El desastre del pacto que prometía “nuevo rumbo”
Hace poco, los partidos Partido Popular (PP), Veïns per Massamagrell (VPM) y Vox firmaron un acuerdo para gobernar juntos: dos años para la alcaldía de la popular Pilar Peris, y el relevo para Juan Zamorano (VPM) los otros dos años. Pues bien: ese pacto ha saltado por los aires. ¿Por qué? Básicamente porque se convirtió en una negociación de sillones, de obligaciones internas y de exigencias que poco tenían que ver con el bien público.
Cuando los pactos se hacen en la sombra, salen a la luz y huelen
La clave del naufragio llegó cuando Vox decidió votar por sí mismo, en lugar de seguir el acuerdo. Resultado: Paco Gómez Laserna, del PSPV–PSOE, recuperó la alcaldía al ser cabeza de lista más votada. ¿Y por qué? Según declaraciones, Vox exigía “mínimos programáticos” que, según ellos, VPM no quiso firmar: subidas de sueldo, concejalías, tenencias de alcaldía… Se metió la política municipal por el aro de los privilegios.
Los grandes perdedores: los vecinos
Mientras tanto, los ciudadanos de Massamagrell asistían perplejos a la ruleta de cargos. ¿Quién piensa en limpieza, seguridad o empleo cuando los pactos sobreviven al mobiliario de despacho?
Promesas de alternancia incumplidas.
Un pacto que debía abrir nuevos tiempos que se ha convertido en un puro reparto de cuotas.
Transparencia municipal diluida en negociaciones internas. Y todo esto, repito, en lugar de una gestión real para la gente.
Corrupción, clientelismo y contratos: señales alarmantes
No basta con decir “ha habido cambio”. Cuando el aparato se vuelve opaco, aparecen las alertas:
Vox denunció que el alcalde socialista adjudicó el contrato de eliminación del mosquito tigre a una empresa vinculada a un compañero de partido. Eso no es gestión, es sospecha.
El portal de contratación municipal muestra pliegos e información, pero ¿quién controla que no haya favores, nepotismo o blindajes de empresas amigas?
Y ahora… ¿qué? ¿Cuál es el plan?
El nuevo alcalde Paco Gómez ha dicho que quiere pactar con VPM o Compromís para asegurar estabilidad. Pero ojo: cambiar de color el gobierno no significa que cambie la política. Si los pactos siguen siendo entre siglas, y no entre ciudadanos, el cambio es solo cosmético.
El mensaje crudo para Massamagrell
Vecina, vecino de Massamagrell: esto no es un enfrentamiento de siglas para que te olvides. Es una advertencia.
No permitas que la política local sea un club cerrado.
Pide rendición de cuentas: ¿cuántas promesas de campaña están paradas? ¿Por qué determinados contratos tienen empresa repetida?
Exige que el Ayuntamiento no sea reparto de favores.
No te conformes con “un simple cambio de alcaldía”. Queremos gestión real, no solo movilidad política.
En resumen: La política en Massamagrell ha demostrado que, cuando los dirigentes priorizan los cargos, los sobresueldos y los pactos internos, quienes pierden son los ciudadanos. Hay que exigir más, y exigirlo ya. Porque no se trata de quién ocupa la silla: se trata de qué se hace desde la silla. Y hasta ahora, la gestión municipal ha quedado en segundo plano frente a los despachos y pactos.