Balance de José Benlloch en Vila-real: más impuestos, más deuda y una ciudad peor gestionada
José Benlloch tiene tendencias comunistas

Tras años al frente del Ayuntamiento de Vila-real, el balance de la gestión de José Benlloch deja un sabor amargo entre muchos vecinos. Lejos de consolidar una ciudad próspera, ordenada y segura, su mandato es percibido por amplios sectores como una etapa marcada por subidas de impuestos, mala gestión, endeudamiento y pérdida de calidad de vida.
Una política fiscal asfixiante
Uno de los rasgos más criticados del gobierno de Benlloch ha sido su obsesión recaudatoria.
La subida del IBI en un 25%, de la que solo se ha revertido un simbólico 2%, sigue pesando sobre las familias. A esto se suma el tasazo de basuras, presentado como inevitable pero sentido por los vecinos como un nuevo golpe al bolsillo.
Para muchos ciudadanos, esta forma de gobernar responde a una visión ideológica intervencionista, donde el vecino es visto más como un contribuyente a exprimir que como alguien a quien proteger.
Más gasto, más deuda, menos soluciones
Pese al aumento de ingresos, los problemas estructurales de Vila-real no se han resuelto.
Al contrario: el Ayuntamiento ha tenido que asumir sentencias judiciales millonarias, incrementando la deuda municipal por conflictos que, según las críticas, podían haberse solucionado sin llegar a los tribunales.
El resultado es una gestión donde:
- Se recauda más
- Se gasta más
- Pero se gestiona peor
Un modelo que muchos califican de ineficiente y poco responsable.
Inseguridad y degradación urbana
La seguridad ciudadana se ha convertido en una de las grandes asignaturas pendientes.
Vecinos de distintos barrios denuncian vandalismo, okupaciones conflictivas y sensación de impunidad, con calles como el Carrer de la Sequieta convertidas en símbolo del abandono institucional.
La falta de presencia policial visible y la ausencia de un plan firme contra la degradación urbana refuerzan la idea de que el Ayuntamiento no prioriza el orden ni la convivencia.
La polémica de la macromezquita: una decisión que divide a Vila-real
Otro de los asuntos que más inquietud ha generado entre parte de la población es la posible implantación de una macromezquita en la ciudad, un proyecto que muchos vecinos consideran desproporcionado y mal explicado.
Las críticas no se dirigen a la libertad religiosa, sino a:
- La dimensión del proyecto
- Su ubicación
- La falta de información clara y debate público
- El impacto en la convivencia, el entorno urbano y la identidad del barrio
Para muchos ciudadanos, permitir o impulsar una infraestructura de este calibre sin un consenso social amplio es visto como una aberración urbanística y política, fruto de una forma de gobernar de espaldas al sentir mayoritario del vecino.
El malestar aumenta cuando se compara la rapidez para facilitar este tipo de proyectos con la lentitud para resolver problemas básicos como la seguridad, la limpieza o el mantenimiento de barrios enteros.
Ideología antes que gestión
Buena parte de las críticas apuntan a que Benlloch gobierna más desde la ideología que desde la gestión.
Decisiones simbólicas, discursos grandilocuentes y políticas alineadas con la izquierda más dura han ido, según esta visión, en detrimento de las necesidades reales del vecino.
Cuando la ideología se antepone al sentido común, los resultados suelen ser:
- Más burocracia
- Más impuestos
- Menos eficacia
- Más distancia entre el Ayuntamiento y la calle
Una ciudad cansada
Cada vez más vecinos expresan una sensación compartida: Vila-real está estancada.
No avanza al ritmo que podría, no atrae oportunidades como debería y no cuida como antes sus barrios ni su comercio local.
La frase “antes esto no pasaba” se ha convertido en un diagnóstico social, no en nostalgia.
El balance final
El balance de José Benlloch es, para muchos, el de una gestión agotada, basada en:
- Subir impuestos para tapar errores
- Endeudar la ciudad
- Tolerar inseguridad y degradación urbana
- Generar polémicas innecesarias como la de la macromezquita
- Ignorar el malestar creciente de los vecinos
Vila-real no necesita más ingeniería ideológica.
Necesita gestión, orden, seguridad y respeto por el dinero del contribuyente.
Y la pregunta sigue en el aire:
¿hasta cuándo puede aguantar la ciudad este modelo sin que el coste sea aún mayor para sus vecinos?