El alcalde socialista convierte el reconocimiento por la ayuda prestada tras la DANA en una fotografía institucional, mientras varias zonas de Vila-real siguen reclamando soluciones para los problemas de evacuación del agua. La solidaridad merece reconocimiento, pero la gestión municipal también exige responsabilidades.

VILA-REAL.— José Benlloch vuelve a demostrar que entiende perfectamente el valor político de una buena fotografía. Esta vez, el escenario es Catarroja, el protagonista institucional es el Ayuntamiento de Vila-real y el encargado de recoger el reconocimiento es Diego A. Vila, concejal de Relaciones Institucionales. El motivo es la ayuda prestada tras la DANA del 29 de octubre de 2024, una tragedia que golpeó con enorme dureza a numerosos municipios valencianos.

Que Vila-real colaborase con los afectados merece reconocimiento. Los voluntarios, los trabajadores y todas las personas que arrimaron el hombro hicieron lo que había que hacer. Nadie sensato debería cuestionarlo.

Lo que sí merece una crítica política contundente es que José Benlloch pueda exhibir la solidaridad de Vila-real fuera de sus fronteras mientras los problemas de infraestructuras de su propia ciudad siguen reclamando respuestas.

Porque el alcalde no es un mero espectador de la gestión municipal. Es quien dirige el Gobierno local, marca sus prioridades políticas y debe rendir cuentas por las decisiones que se toman bajo su mandato.

Y cuando hablamos de responsabilidades, no basta con señalar al concejal que aparece en la fotografía. La responsabilidad política principal recae en quien gobierna y decide: José Benlloch.

Diego Vila recoge el reconocimiento; Benlloch responde por la gestión

El concejal Diego A. Vila acudió a recoger la distinción en representación de Vila-real. Es una función institucional legítima. Pero la cuestión política va mucho más allá de quién acudió al acto.

La pregunta es por qué el Gobierno de Benlloch parece tan cómodo en el terreno de los reconocimientos públicos mientras siguen existiendo reclamaciones sobre problemas que afectan directamente a los vecinos de Vila-real.

Un reconocimiento por ayudar a Catarroja no demuestra, por sí mismo, que el Ayuntamiento gestione mal sus infraestructuras. Pero tampoco puede utilizarse como escudo frente a las críticas sobre las carencias de la ciudad.

La solidaridad exterior no puede convertirse en una cortina de humo para evitar las preguntas incómodas sobre la gestión interior.

Benlloch tiene que responder por sus prioridades, por la planificación de las obras y por los recursos municipales destinados a prevenir problemas que los vecinos conocen demasiado bien.

Porque para hacerse una fotografía institucional basta una tarde. Para solucionar los problemas de una ciudad hace falta planificación, inversión y seguimiento.

Y eso no se resuelve con un diploma enmarcado.

Las avenidas de Vila-real no necesitan discursos: necesitan soluciones

La avenida Italia, la avenida Alemania, la avenida Francia —especialmente en su cruce con la avenida Europa— y distintas zonas del centro figuran entre los puntos señalados por las críticas a la evacuación de aguas pluviales.

Cuando llegan episodios de lluvias intensas, la preocupación de los vecinos no se limita a las previsiones meteorológicas. También importa saber si las infraestructuras están preparadas, qué actuaciones se han ejecutado y qué obras siguen pendientes.

Por eso, Benlloch debería explicar con claridad cuál es la situación actual de los colectores y de la red de pluviales en estos puntos.

¿Qué obras se han realizado? ¿Cuáles están pendientes? ¿Qué inversiones se han presupuestado? ¿Qué calendario existe para las actuaciones que todavía sean necesarias?

Son preguntas perfectamente legítimas y mucho más útiles para los vecinos que cualquier intercambio de felicitaciones institucionales.

Eso sí, para afirmar que una obra lleva años paralizada o que no se ha hecho nada, hay que comprobar previamente el estado de los proyectos y las actuaciones ejecutadas. La crítica política gana fuerza cuando se apoya en datos verificables.

La hipocresía política de presumir fuera sin rendir cuentas dentro

Lo verdaderamente cuestionable es la tentación de convertir cualquier reconocimiento en una operación de imagen.

El Ayuntamiento ayuda a un municipio afectado por una catástrofe, recibe un agradecimiento y obtiene una fotografía que transmite compromiso, solidaridad y capacidad de respuesta. Hasta ahí, todo correcto.

Pero el relato institucional no puede terminar ahí.

¿Qué ocurre con los vecinos de Vila-real cuando son ellos quienes necesitan que su Ayuntamiento esté preparado?

¿Quién les explica las inversiones pendientes? ¿Quién les informa de las actuaciones previstas? ¿Quién asume la responsabilidad política si una infraestructura necesita mejoras que todavía no se han ejecutado?

José Benlloch no puede reclamar el mérito colectivo de la solidaridad cuando llegan los reconocimientos y, al mismo tiempo, eludir el debate sobre las deficiencias municipales.

Si el Ayuntamiento merece reconocimiento por ayudar a Catarroja, también debe aceptar el escrutinio sobre su propia gestión.

No se puede exigir aplausos por lo que se hace fuera y pedir silencio cuando los vecinos preguntan por lo que falta dentro.

Benlloch es quien manda y quien debe dar la cara

Conviene dejarlo claro: Diego Vila acudió al acto en calidad de representante municipal. La crítica no debe dirigirse contra el hecho de que recogiera un reconocimiento merecido por la colaboración de Vila-real.

El foco político debe ponerse en José Benlloch, alcalde y máximo responsable del Gobierno municipal.

Es él quien debe explicar las prioridades de su equipo, el estado de las inversiones y las medidas adoptadas para mejorar la evacuación de las aguas pluviales.

Y es él quien debe responder a los vecinos cuando una zona de la ciudad presenta problemas que requieren actuaciones públicas.

Ser alcalde no consiste únicamente en repartir responsabilidades entre concejales y aparecer asociado a los éxitos institucionales. También significa dar la cara por los asuntos que siguen sin resolverse.

Si las obras necesarias están planificadas, que se publiquen los calendarios. Si existen proyectos pendientes, que se expliquen los motivos. Y si las actuaciones ya se han ejecutado, que se informe de sus resultados.

Menos propaganda y más transparencia.

La medalla no tapa los problemas de Vila-real

La ayuda prestada a Catarroja merece respeto. Las personas que colaboraron después de la DANA merecen agradecimiento. Y el reconocimiento recibido por la ciudad puede ser perfectamente legítimo.

Pero ninguna medalla sustituye a una obra pública.

Ninguna fotografía evacúa el agua de una avenida.

Ningún discurso mejora por sí solo una red de pluviales.

Y ningún reconocimiento institucional exime al alcalde de responder por la gestión de su municipio.

José Benlloch tiene ahora una oportunidad de demostrar que la solidaridad que reivindica no se queda en un acto protocolario: puede explicar qué está haciendo Vila-real para mejorar sus infraestructuras, qué actuaciones siguen pendientes y cuándo se ejecutarán.

Porque los vecinos no necesitan que su alcalde acumule fotografías para demostrar que está comprometido con su ciudad.

Necesitan que ese compromiso se traduzca en resultados.

Y si Benlloch quiere presumir de la solidaridad de Vila-real, que lo haga. Pero que no olvide que también gobierna una ciudad cuyos vecinos tienen derecho a exigirle explicaciones, inversiones y soluciones.

La medalla de Catarroja reconoce una ayuda prestada. No es un certificado de buena gestión municipal para José Benlloch.