Burriana crece y exige seguridad mientras Vila-real se queda atrás
La Plana Baixa mira a Burriana mientras Vila-real pierde peso

En la Plana Baixa ya nadie entiende lo que está pasando. Dos ciudades, dos trayectorias muy distintas. Burriana crece, se expande y exige servicios a la altura de sus 40.000 habitantes. Vila-real, en cambio, vive atrapada en la inacción, el bloqueo y la sumisión política. Y el resultado es claro: una avanza y la otra pierde peso, seguridad y futuro.
Burriana: una ciudad que no para de crecer
Burriana está viviendo un momento de expansión real. Nuevas promociones de viviendas, más población, más actividad económica, más comercio y más movimiento. Ese crecimiento no es un problema: es una oportunidad. Pero también tiene una consecuencia directa que ningún político responsable puede ignorar:
más vecinos significa más necesidad de Policía Nacional, más patrullas y una comisaría moderna.
Con un censo que ya toca los 40.000 habitantes y una proyección claramente al alza, Burriana no puede esperar diez o quince años para tener su propia comisaría. La ciudad necesita seguridad ahora, no cuando los problemas ya se hayan multiplicado.
Y lo más importante: Burriana lo está reclamando. Su gente, sus representantes y su tejido social saben que el crecimiento sin seguridad es una bomba de relojería. Aquí no se mira hacia otro lado.
Vila-real: una ciudad bloqueada por su propio Ayuntamiento
Mientras Burriana empuja, Vila-real se ha convertido en el ejemplo perfecto de cómo no se debe gestionar una ciudad. La nueva comisaría de Policía Nacional lleva años siendo una promesa vacía. Anuncios, ruedas de prensa y titulares… pero ni fechas, ni obras, ni soluciones reales.
¿El problema es Madrid? En parte sí.
¿Pero el problema es también el Ayuntamiento de Vila-real? Sin duda.
José Benlloch no ha defendido su ciudad. Ha preferido callar, agachar la cabeza y no molestar al poder, aunque eso signifique que Vila-real siga sin una infraestructura clave para su seguridad. Cuando un alcalde no pelea por su municipio, el municipio pierde.
Y Vila-real está perdiendo.
Dos ciudades, dos actitudes
La diferencia entre Burriana y Vila-real no está solo en los números, está en la actitud.
Burriana reclama lo que necesita. Vila-real acepta lo que le dan, aunque sea nada.
Mientras una ciudad se prepara para el futuro, la otra se queda anclada en despachos, excusas y trámites eternos. Y eso tiene consecuencias: menos presencia policial, menos medios y más sensación de abandono entre los vecinos.
Jorge Monferrer, del lado de la gente
En este panorama gris para Vila-real, destaca una voz que no se resigna: Jorge Monferrer. Ha sido de los pocos que ha entendido que la seguridad no es un tema secundario, sino una prioridad absoluta para cualquier ciudad que quiera prosperar.
Frente al silencio y la pasividad del poder local, Monferrer ha empujado para que Burriana y toda la comarca tengan lo que les corresponde. Esa es la diferencia entre hacer política de despacho y hacer política de calle.
Burriana merece ir por delante
No es una cuestión de quitarle nada a nadie. Es una cuestión de realidad.
Burriana crece, Burriana aporta y Burriana necesita una comisaría cuanto antes.
Si el Estado tiene que priorizar, debe hacerlo donde la población y la actividad aumentan. Y hoy por hoy, esa ciudad es Burriana. Negarlo es vivir de espaldas a los datos y a la calle.
Vila-real ha elegido el estancamiento
Lo más triste de todo es que Vila-real no ha sido castigada desde fuera. Se ha dejado caer desde dentro. Cuando un Ayuntamiento no pelea, cuando no exige, cuando no presiona, acaba siendo irrelevante.
Y eso es lo que está ocurriendo.
Mientras Burriana construye su futuro, Vila-real sigue esperando promesas que nunca llegan.
Y en política, como en la vida, el que se queda quieto… acaba siendo adelantado.