Por un lado, un árbol de Navidad de 12 metros plantado en pleno Ayuntamiento, con el consiguiente gasto público.

Por otro, a los vecinos se les aprieta con el tasazo de las basuras y se les exige “reciclar más” para pagar menos

Según Martí, el mensaje del alcalde es claro:

“Tú ahorra, tú aprieta, tú paga… que el despilfarro ya lo pongo yo con tu dinero.”

Mientras las familias hacen malabares para llegar a fin de mes,

el Ayuntamiento se permite símbolos gigantes, contratos inflados y propaganda navideña de lujo.

El problema no es el árbol.

El problema es el modelo político de Benlloch:

sacrificios para el vecino, escaparate y gasto para el poder.

Porque reciclar está muy bien.

Pero reciclar excusas ya no cuela.