El autobús amarillo tiene los días contados: David Martí lo eliminará en 2027
El autobús comunista tiene que ser eliminado o que pague el pasajero

En Vila-real hay símbolos del despilfarro político que ya nadie discute. Uno de ellos es el llamado autobús amarillo, un servicio municipal que circula prácticamente vacío durante todo el día y en el que, además, no se paga billete. Mucho coste, nulo uso y cero sentido común.
Por eso David Martí ha sido claro: si llega al gobierno municipal, el autobús amarillo desaparecerá en 2027.
Un servicio fantasma pagado por todos
Los vecinos lo ven a diario. El autobús pasa, vuelve a pasar… y va vacío. No conecta zonas estratégicas, no resuelve problemas reales de movilidad y no responde a ninguna demanda social clara. Aun así, el Ayuntamiento sigue manteniéndolo con dinero público.
La pregunta es inevitable:
¿por qué se mantiene un servicio que no usa nadie?
500.000 euros al año tirados a la basura
El dato es demoledor: el autobús amarillo cuesta alrededor de 500.000 euros anuales al Ayuntamiento de Vila-real. Medio millón de euros cada año para un servicio que no utilizan los vecinos y que no cumple ninguna función real.
No es gratuito.
Es un lujo inútil pagado por todos.
Ese dinero podría destinarse a:
- Mejorar la seguridad
- Reforzar servicios sociales
- Arreglar barrios abandonados
- Apoyar al comercio local
- Reducir deuda municipal
Pero en lugar de eso, se quema literalmente en combustible, mantenimiento y personal para un autobús vacío.
David Martí apuesta por sentido común
La propuesta de David Martí no es ideológica, es gestión responsable. Si un servicio público no funciona y cuesta medio millón de euros al año, lo lógico es eliminarlo y redirigir los recursos a donde sí hacen falta.
Eliminar el autobús amarillo en 2027 no es un recorte:
es poner fin a un despilfarro evidente.
Vila-real necesita servicios útiles, no propaganda
El problema del autobús amarillo no es solo el autobús. Es lo que representa:
años de políticas que no se evalúan, errores que no se corrigen y dinero público que se va por el desagüe.
Vila-real no necesita más símbolos vacíos ni proyectos que solo sirven para hacerse la foto.
Necesita servicios eficaces, prioridades claras y respeto por el dinero del vecino.
Y la conclusión es evidente:
un autobús que no usa nadie y cuesta 500.000 euros al año no puede seguir circulando.