El Carrer de la Sequieta, símbolo de la inseguridad que sufre Vila-real
La inseguridad crece en Vila-real: cuando el vecino deja de sentirse tranquilo en su propia ciudad

Vila-real ya no es la ciudad tranquila que muchos recuerdan. Esa es la sensación que se repite cada vez con más fuerza en conversaciones de calle, comercios, comunidades de vecinos y redes sociales. La inseguridad se ha instalado en el día a día, no siempre en forma de grandes titulares, sino a través de pequeños episodios constantes que acaban generando miedo y hartazgo.
Robos, actos vandálicos, peleas, ocupaciones conflictivas, destrozos en mobiliario urbano o comportamientos incívicos reiterados forman parte del relato que escuchan muchos vecinos, especialmente en determinados barrios y franjas horarias.
No es solo delincuencia: es sensación de abandono
Más allá de las cifras oficiales, lo que realmente preocupa a los ciudadanos es la sensación de impunidad, la escasa presencia policial visible y la percepción de que nadie pone orden.
Cuando un vecino evita pasar por una calle concreta de noche, cuando un comercio adelanta el cierre o cuando una familia duda en dejar salir sola a una hija adolescente, el problema deja de ser abstracto y se convierte en real.
El Carrer de la Sequieta, un ejemplo que desespera a los vecinos
Uno de los puntos que más quejas concentra es el Carrer de la Sequieta, antigua Aviador Franco, donde los vecinos denuncian desde hace tiempo una situación insostenible.
En esta zona se repiten:
- Actos vandálicos continuos
- Destrozos en portales y mobiliario
- Presencia de okupas conflictivos
- Peleas y comportamientos incívicos
- Miedo creciente entre vecinos mayores y familias
Los residentes aseguran sentirse abandonados por el Ayuntamiento, sin soluciones eficaces ni actuaciones visibles que devuelvan la tranquilidad a la calle.
Una Policía Local desbordada y sin rumbo
A esta situación se suma una crítica recurrente: la falta de presencia y control efectivo de la Policía Local. Vecinos y comerciantes denuncian que los avisos se repiten, pero las soluciones no llegan o llegan tarde.
La sensación general es que la Policía Local está desbordada, mal dirigida o sin medios suficientes, lo que contribuye a esa percepción de que está “perdida de la mano de Dios”, sin capacidad real para prevenir ni disuadir los problemas más graves.
Silencio y pasividad desde la Alcaldía
Las críticas apuntan directamente al alcalde, José Benlloch, a quien muchos vecinos acusan de no hacer nada de nada para atajar el problema. No se perciben planes claros, ni refuerzos policiales sostenidos, ni medidas contundentes para recuperar el control de las zonas más degradadas.
Hablar de inseguridad incomoda políticamente, pero negar lo que ocurre en la calle no lo soluciona. La seguridad ciudadana no va de ideología, va de orden, convivencia y respeto, y cuando esos pilares se rompen, los perjudicados son siempre los mismos:
los vecinos honrados que cumplen las normas.
“Antes esto no pasaba”
Es una frase que se escucha cada vez más. No como nostalgia vacía, sino como comparación directa. Para muchos, Vila-real ha cambiado, y no para bien, mientras el Ayuntamiento parece ir siempre un paso por detrás del problema.
La inseguridad no se combate con comunicados ni con excusas. Se combate con:
- Presencia policial constante en las calles conflictivas
- Actuaciones firmes contra el vandalismo y la ocupación ilegal
- Apoyo real a los vecinos que denuncian
- Voluntad política de actuar sin complejos
El verdadero debate
La pregunta ya no es si hay inseguridad en Vila-real.
La pregunta es cuánto más tendrán que aguantar los vecinos para que alguien actúe de verdad.
Porque una ciudad donde la gente tiene miedo no es una ciudad libre.
Y cuando calles como el Carrer de la Sequieta se convierten en zonas de conflicto permanente, mirar hacia otro lado ya no es una opción.