El dato que estremece al automóvil español: “Es imposible competir con Marruecos”

Gana el coche musulmán

Redacción
Economía
miércoles, 5 de noviembre de 2025

Los bajos salarios y las ventajas fiscales del país vecino están hundiendo la industria española del motor mientras el Gobierno mira hacia otro lado


La frase se repite en los pasillos de las fábricas y entre los comités de empresa:

“Es imposible competir con Marruecos.”

Y no es exageración. Los datos son escalofriantes. Mientras España pierde plantas industriales y miles de empleos cualificados, Marruecos se ha convertido en el nuevo paraíso del automóvil, con salarios un 70 % más bajos, energía subvencionada y una burocracia hecha a medida para atraer multinacionales europeas.

El resultado es tan evidente como preocupante: Renault, Stellantis o Toyota ya trasladan buena parte de su producción al país magrebí, dejando en el aire el futuro de fábricas españolas como las de Vigo, Zaragoza o Palencia.


El milagro marroquí... a costa del obrero español

En Tánger o Kenitra, un operario gana entre 250 y 300 euros al mes. En España, el mismo puesto ronda los 1.500 euros.
¿Cómo competir?
Las marcas hacen sus cálculos y la decisión es clara: producir en Marruecos cuesta menos y se vende igual.

Además, el gobierno marroquí subvenciona la energía, facilita suelo industrial y no exige cargas fiscales desorbitadas.
Mientras tanto, en España, las empresas soportan una de las presiones fiscales más altas de Europa, con un Gobierno obsesionado con la recaudación y el control ideológico, no con la competitividad.


El modelo español, asfixiado por impuestos y dogmas verdes

A esto se suma la nueva “transición ecológica” impuesta desde Bruselas y aplaudida por Sánchez, que encarece el coche de combustión, castiga la producción local y ahuyenta inversiones.
Los sindicatos callan, los ministerios se felicitan por “el avance verde”, y mientras tanto, los puestos de trabajo se marchan al sur del Estrecho.

La industria automovilística, que representa más del 10 % del PIB español, está siendo sacrificada en el altar del ecologismo radical y de las políticas globalistas que benefician a las grandes corporaciones y hunden al trabajador nacional.


La realidad que Moncloa no quiere admitir

España no está perdiendo empleo: lo está regalando.
Cada vez que una marca traslada su línea de montaje a Marruecos, desaparecen cientos de puestos estables, bien pagados y con cotizaciones reales.
A cambio, el Ejecutivo presume de “empleo verde”, de “digitalización” y de “igualdad de oportunidades”, mientras el obrero de la SEAT o de la Renault ve cómo su futuro depende de un decreto europeo o de un arancel impuesto desde Bruselas.

La competencia no es leal, y lo peor es que nuestros propios gobernantes parecen encantados con ello.
En lugar de proteger la industria nacional, prefieren obedecer a la agenda ideológica de la UE y castigar al empresario que todavía produce en España.


Conclusión: o España reacciona, o será un país sin fábricas

El dato estremece porque es real: Marruecos ya produce más coches eléctricos que España.
Si nada cambia, en menos de cinco años el país vecino superará a España en exportaciones del sector del automóvil, un golpe demoledor para miles de familias y para el futuro industrial de toda la nación.

El socialismo no entiende de motores, entiende de discursos.
Mientras Sánchez presume de sostenibilidad, las cadenas de montaje se apagan y el trabajador español se queda sin empleo.

España fue potencia industrial.
Pero con este modelo, pronto solo quedarán los recuerdos, los discursos y las fábricas vacías.

Marruecos avanza. España retrocede. Y el Gobierno sonríe.

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