En “Políticamente Incorrectos” analizamos la actualidad con Ricardo Ferris: verdad, justicia y libertad frente a la censura del pensamiento
Una noche para los que aún creen en la palabra libre

En tiempos en los que decir lo que se piensa se ha vuelto casi un acto de resistencia, el programa “Políticamente Incorrectos” volvió a demostrar que la libertad no se mendiga, se ejerce. Con la participación del exjefe policial Ricardo Ferris, recientemente absuelto del injusto delito de odio que le impuso el sistema por decir verdades incómodas, la tertulia fue un auténtico baño de realidad.
Mientras muchos medios callan o maquillan la información, en “Políticamente Incorrectos” se habla claro, sin filtros ni miedo, porque la verdad —aunque duela— es el único camino posible.
Ricardo Ferris, absuelto del delito de odio: la justicia aún respira
La absolución de Ricardo Ferris por el llamado “delito de odio” no solo es una victoria personal, sino también una victoria para todos los españoles que creen en la libertad de expresión. Ferris fue perseguido judicial y mediáticamente por describir una realidad que cualquiera puede comprobar en las calles de España. Pero el tribunal fue claro: decir la verdad no es delito, es un deber cívico.
“No me arrepiento de haber dicho lo que pienso. Lo que da miedo es que hoy en España tengas que pedir perdón por contar la verdad”, afirmó Ferris en el programa.
Su caso simboliza la lucha contra el pensamiento único y la censura institucionalizada. Porque lo que se pretendía no era juzgar un delito, sino amedrentar al ciudadano que no se somete al discurso oficial. La absolución de Ferris demuestra que todavía hay jueces valientes y que el sentido común puede ganar la batalla al adoctrinamiento.
La Moncloa en crisis y la justicia en el punto de mira
Durante el programa, el equipo de “Políticamente Incorrectos” analizó también la creciente tensión en La Moncloa, donde Pedro Sánchez y su entorno buscan fórmulas para frenar los casos judiciales que acorralan a su mujer, Begoña Gómez, y a su hermano, David Sánchez.
Según fuentes socialistas citadas en varios medios, entre las ideas planteadas en el círculo de Moncloa estaría incluso incluir a ambos familiares en las listas electorales del PSOE, con el objetivo de paralizar los procesos judiciales.
Una idea que demuestra, como se dijo en la tertulia, el grado de desesperación y desconexión con la realidad que vive el Gobierno. Mientras los ciudadanos sufren inflación, inseguridad y precariedad, el Ejecutivo parece centrado solo en blindar su supervivencia política y personal.
“Cuando un Gobierno se dedica a proteger a su familia en lugar de proteger al país, es que ha perdido el sentido del poder”, se escuchó durante el debate.
La Fiscalía del Odio: el nuevo censor del siglo XXI
Uno de los temas más potentes de la noche fue el debate sobre la Fiscalía del Odio, una institución que, bajo el pretexto de combatir el extremismo, se ha convertido en un instrumento político para perseguir opiniones disidentes. Los tertulianos coincidieron en que el concepto de “odio” se ha deformado hasta el punto de criminalizar el pensamiento libre.
“Hoy el odio no se mide por los actos, sino por las ideas que no gustan al Gobierno”, afirmó Ferris con contundencia.
Su caso lo demuestra: decir lo que muchos piensan pero pocos se atreven a decir te convierte en objetivo de la maquinaria ideológica. La justicia ha frenado, al menos de momento, ese abuso, pero el peligro sigue latente.
Medios de comunicación y el papel del silencio cómplice
Durante el programa también se abordó el papel de los medios tradicionales, cada vez más dependientes de subvenciones públicas y publicidad institucional. El silencio cómplice de muchos periodistas ante los abusos del poder es ya una forma de participación en el relato oficial.
“Hoy el verdadero periodista no es el que repite el argumentario del Gobierno, sino el que se atreve a cuestionarlo”, subrayó uno de los tertulianos.
Por eso, “Políticamente Incorrectos” se ha convertido en un espacio imprescindible: una trinchera del pensamiento libre en medio de la uniformidad mediática. Aquí no se calla a nadie. Aquí se habla con datos, con criterio y con respeto, pero también con la fuerza de quien se niega a ser adoctrinado.
Ricardo Ferris y el valor de la coherencia
La figura de Ferris, más allá de la polémica, representa algo esencial: la coherencia en tiempos de hipocresía. Ha sufrido linchamientos mediáticos, censura y amenazas, pero no ha dado un paso atrás. Su absolución no es el final de un proceso, sino el inicio de una nueva etapa de dignidad y resistencia.
“Yo no busco ser héroe, solo ciudadano libre. Y eso, hoy, ya parece demasiado pedir”, sentenció Ferris.
Sus palabras resumen el sentir de millones de españoles que se sienten traicionados por las instituciones, cansados de ser señalados por pensar distinto, y hartos de que se premie la sumisión en lugar del mérito.
Repercusión y comunidad: una audiencia que crece porque no se rinde
El programa, emitido en YouTube, Twitch e iVoox, volvió a reunir a miles de espectadores en directo. Cada intervención generó debate, reflexión y apoyo en redes. La comunidad de “Políticamente Incorrectos” sigue creciendo porque representa lo que el sistema intenta ocultar: la España real, la que no se vende, la que no se calla.
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La libertad de expresión es el último bastión
La noche cerró con un mensaje unánime: sin libertad no hay democracia. La persecución a Ferris, los intentos de controlar la justicia o el silenciamiento de la disidencia son síntomas de un sistema que teme a los ciudadanos libres.
“Políticamente Incorrectos” no es solo un programa; es un símbolo de resistencia cívica, un espacio donde se recuerda que la verdad puede ser incómoda, pero nunca peligrosa. Lo peligroso es mentir.
Conclusión: cuando hablar claro es un acto de valentía
Mientras algunos siguen mirando hacia otro lado, otros —como Ricardo Ferris y el equipo de “Políticamente Incorrectos”— siguen dando la cara. Porque callar sería traicionar a todos los que todavía creen que España merece algo mejor.
La justicia absolvió a Ferris, pero el juicio social sigue en marcha: el de una sociedad que debe decidir si quiere vivir libre o vigilada.