Guardiola convoca elecciones en Extremadura el 21 de diciembre: el hartazgo con Vox estalla por fin
Las agrupaciones de Vox están más perdidas que nunca

Extremadura vivía una agonía política que ya no podía sostenerse. María Guardiola, presidenta del Partido Popular, ha decidido romper la cuerda que mantenía atado su gobierno a Vox, ese partido que prometió regenerar la política española y que hoy se ha convertido en el mayor obstáculo para la gobernabilidad donde toca poder.
Guardiola ha puesto fin al chantaje, la hipocresía y la incompetencia de un socio que ha demostrado que solo sabe destruir desde dentro. Las elecciones anticipadas serán el 21 de diciembre, y no se trata de un simple trámite electoral: es una ruptura con el lastre más pesado que ha tenido el PP en Extremadura.
Vox: del discurso patriótico al sabotaje institucional
El problema no ha sido ideológico, sino moral. Vox Extremadura, con sus guerras internas, sus ediles descontrolados y sus decisiones dictadas desde Madrid por burócratas sin conexión con la tierra, ha demostrado que no está preparado para gobernar nada ni a nadie.
Su comportamiento ha sido una mezcla de inmadurez política y traición al votante. En lugar de respaldar la gestión de un gobierno que trataba de aliviar la carga fiscal y dinamizar la economía regional, prefirieron la confrontación, el ruido y el postureo de redes sociales.
Mientras los extremeños pedían soluciones, Vox respondía con discursos vacíos y amenazas de ruptura, más pendientes de los focos que de los agricultores, autónomos y familias que levantan esta tierra cada mañana.
Guardiola aguanta lo inaguantable
Durante meses, María Guardiola intentó mantener la calma, buscando puntos de encuentro, contención y sentido de Estado. Pero el sabotaje sistemático de Vox hizo imposible cualquier avance. Se opusieron a presupuestos, torpedearon proyectos de inversión, y trataron de imponer su agenda personalista como si Extremadura fuera su juguete electoral.
La paciencia tiene un límite. Y Guardiola lo ha dicho con hechos:
“Extremadura no puede ser rehén de intereses partidistas ni de quienes confunden política con venganza.”
El mensaje es claro: quien no trabaja por su pueblo, sobra.
Vox se hunde en su propio veneno
Lo ocurrido en Extremadura no es un hecho aislado. El partido de Abascal se desangra en toda España, víctima de sus propias purgas, egos y falta de liderazgo. Lo que comenzó como un proyecto ilusionante de defensa de España se ha convertido en una fábrica de traiciones, expulsiones y espectáculos grotescos, donde cada dirigente local compite por hundir al de al lado.
En Extremadura, Vox ha quedado retratado: no son patriotas, son oportunistas. Han traicionado al votante conservador, han dinamitado los acuerdos de gobierno y han dejado claro que su prioridad no es España, sino su propio circo interno.
Guardiola, firme ante la tormenta
Guardiola ha demostrado algo que escasea en la política actual: coraje. Ha preferido arriesgar su futuro antes que seguir sometida a los caprichos de Vox, un partido que ni suma ni construye, solo divide.