Instituciones en entredicho: un riesgo que no podemos permitirnos

Sonia Villa reclama compostura política

Sonia Villa Benavente
Opinión
jueves, 11 de diciembre de 2025

No solo fue la nota de prensa, sino también la filtración.

En contra de toda la maquinaria publicitaria desplegada, la sentencia, que por fin conocemos, lo deja bien claro: no se puede desmentir un bulo cometiendo un delito de filtración de secretos. Y mucho menos podía ser un fiscal general el que lo cometiera. Ya sea filtrándose el correo con su consentimiento, o con aquella nota de prensa de la que él mismo se hizo único responsable en declaraciones públicas que cualquiera puede buscar, García Ortiz es culpable.

Lejos quedan aquellos días en los que el mismo presidente, rozando el intrusismo profesional, se erigía en juez sentenciando una lapidaria inocencia. Lejos, los coros sicronizados de ministros, prensa y opinadores profesionales, que se sofocaron – a excepción de Yolanda Díaz que sigue en su unicornio y volando entre arcoíris -, en cuanto el fiscal finalmente dimitió como era necesario ya justo en el momento en que se le imputó el delito y no después. Hoy vuelven esos cantos sincronizados al conocerse el contenido de la sentencia, pero se nota ya que la vehemencia va a la baja.

Y es que hay que atender otros asuntos, otras bombas informativas sobre el circo en que se ha convertido este Gobierno.

Golpeando en el centro mismo de la base ideológica socialista, está el caso Salazar. Es curioso ver cómo la ministra portavoz defendía hace apenas unas pocas semanas su amistad personal con el individuo, con el mismo tono y expresión con que hoy declara su decepción. La sensación de falsedad de sus intervenciones es asombrosa, pues combina el victimismo emocional con una ausencia total de emociones en su tono plano y neutro. Señora Alegría, a la política se viene llorado de casa. Ustedes están para gobernar, no para usar a los ciudadanos que les escuchan como psicólogos improvisados.

Salazar, que ayudó y colaboró en los primeros pasos de Sánchez hacia aquellas primarias ahora de dudosa legitimidad, tuvo la suerte de que se “perdieran” las denuncias en su contra. Su partido nos vende que actuó al mismo tiempo con celeridad, según dicen, pero nos demuestra el evidente retraso al extraviar tan convenientemente para ese otro “feminista porque es socialista”, semejante información tan sensible.

Seguimos teniendo a Leire, la más lista de la promoción – nótese la ironía -, intentando convencer a los jueces de que es periodista de investigación, y de que ofrecer supuestas ventajas judiciales a empresarios, o supuestos sobornos a fiscales, forma parte de la ética profesional que todo periodista debería contemplar en su ejercicio.

Koldo y Ábalos desde la cárcel, indignados porque se creen los menos corruptos, lanzando globos sonda sobre lo injusta de su situación en comparación con otros compañeros. Compañeros que declaran con mucha indignación que a “esos señores que no conocen” no hay que darles crédito puesto que están investigados por delitos... ¿Debemos aplicar el mismo criterio a Begoña o David Sánchez? Supongo que responderían que no. Aquí se cree o se deja de creer a quien el Sanchismo ordene.

Luego tenemos a Tezanos -que reúne en sus estadísticas todos los fallos de todas las escopetas de feria del mundo-, intentando justificar su buen hacer. Miren, entre los que estudian estas cosas, existe un chascarrillo que reza: “hay mentiras, grandes mentiras y datos estadísticos”. Y es que los números son los que son, pero hay maneras de contarlos para que las mismas cifras, puedan concluir cuestiones adaptadas a un determinado interés. Hay formas de resaltar unas cifras, mientras se disimulan u omiten otras. Cabría preguntarse, solo para empezar, si la calidad de las muestras de Tezanos son suficientes para que sean representativas, pues tal parece que haga sus encuestas en la puerta de Ferraz.

Defender la independencia institucional no es una cuestión ideológica, sino democrática. Quien hoy justifica ciertos hechos por afinidad política, mañana puede encontrarse indefenso cuando otro poder distinto decida mirar hacia otro lado.

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