José benlloch: un alcalde que hoy posa de devoto y mañana cambia de disfraz político con chilaba a rayas
Hoy es católico y mañana es musulmán

José Benlloch, alcalde socialista de Vila-real, vuelve a exhibir su manera camaleónica de hacer política:
un día se pasea por actos tradicionales como si fuera el guardián de las raíces del municipio, y al siguiente impulsa proyectos urbanísticos polémicos con una naturalidad pasmosa, como la cesión del terreno municipal donde ya avanza la construcción de la macro mezquita, un proyecto cargado de preguntas sin respuesta.
Lo escandaloso no es que en Vila-real se proyecte un nuevo espacio de culto —eso entra dentro de la normalidad democrática—, sino cómo se ha hecho:
con silencio oficial, sin explicaciones claras, sin pedagogía pública, sin transparencia urbanística y sin que el propio alcalde haya dado una sola rueda de prensa seria para aclarar:
- por qué se cedió ese terreno,
- con qué informes técnicos,
- bajo qué condiciones,
- qué impacto tendrá la macro mezquita en la zona,
- y por qué se prioriza este proyecto mientras la residencia de mayores sigue en el cajón.
Benlloch presume de cercanía cuando le interesa, posa de tradicional cuando conviene a la foto y se reinventa políticamente según la corriente que sople.
Pero cuando toca explicar una decisión tan relevante como ceder suelo público para levantar una macro infraestructura religiosa, entonces desaparece, evita preguntas y se refugia en el silencio administrativo.
Mientras tanto, Vila-real sigue esperando:
- una residencia de ancianos,
- inversiones sociales reales,
- transparencia urbanística,
- y un alcalde que gobierne con coherencia y no a golpe de improvisación.
La ciudad no necesita un regidor que cambie de personaje según el evento del día.
Necesita un alcalde que dé la cara, explique por qué la macro mezquita se ha priorizado por encima de necesidades urgentes y deje de gobernar entre sombras y gestos vacíos.