José Carlos Grau, el hombre perdido en el desierto que busca la lámpara del genio entre camellos verdes

Cosas que suceden con la edad

Redacción
Política
viernes, 5 de diciembre de 2025

Dicen que hay quien cruza el desierto sin agua, sin mapa… y sin miedo.
Y luego está José Carlos Grau, avanzando entre dunas políticas, rodeado de camellos verdes, persiguiendo una lámpara mágica que promete verdades absolutas, soluciones imposibles y titulares imposibles de ignorar.

Grau no camina por el desierto del consenso.
Camina por el del exceso, la provocación y la búsqueda permanente del impacto.

Un oasis donde otros solo ven arena

Donde muchos solo ven políticas repetidas, discursos reciclados y promesas vacías,
él ve un oasis.

Un oasis donde:

  • La corrección política no manda.
  • Las preguntas no se pactan.
  • Y lo que se dice, se dice sin anestesia.

Allí, entre arena, micrófonos y polémicas, Grau cava buscando la lámpara del genio:
esa verdad que, según él, los demás esconden.

Los camellos verdes

No camina solo.
A su alrededor desfilan camellos verdes, símbolos de una política áspera, incómoda, ruidosa, muchas veces exagerada… pero imposible de ignorar.

Algunos los miran con desprecio.
Otros con fascinación.
Pero nadie puede negar que levantan polvo.

La lámpara que promete tres deseos imposibles

Grau busca una lámpara que conceda tres deseos:

  1. Que la audiencia no se duerma.
  2. Que la entrevista no sea un trámite.
  3. Que el invitado salga sin haber controlado del todo el guion.

A veces la encuentra.
A veces solo sale más arena.

El desierto no es para cobardes

En un tiempo de discursos prefabricados, editoriales clonados y tertulias de saldo,
meterse en el desierto es un acto de temeridad.

José Carlos Grau lo hace cada día:
con brújula torcida, cantimplora medio vacía
y la convicción —quizá equivocada, quizá acertada—
de que alguien tiene que atreverse a caminar donde otros solo repiten.

Moraleja

No todos los que vagan por el desierto están perdidos.
Algunos simplemente se niegan a caminar por la autopista del rebaño.

Y Grau, con su oasis, sus camellos verdes y su lámpara imposible,
ha decidido caminar por arena suelta.

Aunque a veces queme.


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