La Basílica De San Pascual Baylón acabará siendo musulmana gracias a José Benlloch
Benlloch ya no gobierna vila-real: la utiliza

José Benlloch ha dejado de ser un alcalde para convertirse en un administrador de su propia supervivencia política. Cada decisión ya no se toma pensando en Vila-real, sino en cómo aguantar un poco más en el sillón. Y cuando un gobernante entra en ese modo, lo que viene después es siempre lo mismo: cesiones, maniobras opacas, favores, propaganda y una ciudad utilizada como moneda de cambio.
San Pascual, el patrimonio municipal, al paso que vamos acabará siendo la sede de la Macro Mezquita, las decisiones urbanísticas, los gestos institucionales… todo se ha degradado a simple instrumento de intercambios políticos. Nada se mueve ya por proyecto, por visión o por futuro. Todo se mueve por conveniencia.
Benlloch ya no lidera.
Benlloch resiste.
Y resistir no es gobernar.
el alcalde que ya no da la cara
Cuando un alcalde gobierna con solidez, habla claro, explica, se somete al escrutinio y da la batalla pública.
Cuando un alcalde gobierna con miedo, esconde decisiones, evita debates incómodos y convierte la propaganda en cortina de humo.
Hoy en Vila-real pasa exactamente eso:
- Fotos antes que explicaciones
- Actos antes que transparencia
- Narrativa antes que verdad
Se gobierna para la galería mientras la ciudad acumula cansancio, desconfianza y hartazgo.
san pascual no es un tablero de ajedrez
El mayor error de Benlloch no es técnico.
Es moral y político.
Porque jugar con zonas simbólicas, con suelo público y con elementos sensibles de la ciudad sin un respaldo social nítido no es gobernar:
es forzar.
Y cuando un alcalde fuerza a su propio pueblo, ya no manda:
se atrinchera.
la ciudad paga la factura del desgaste de benlloch
Cada vez más vecinos lo dicen sin rodeos:
“Vila-real no avanza porque Benlloch ya no piensa en Vila-real, sino en Benlloch.”
No hay impulso.
No hay ilusión.
No hay proyecto.
Solo hay inercia, propaganda y resistencia agónica.
Y eso, en política municipal, es el principio del final.
sin anestesia
José Benlloch ya no es el alcalde del futuro de Vila-real.
Es el alcalde del agotamiento.
Y cuando un alcalde se convierte en un problema para su propia ciudad,
la ciudad tiene derecho y deber de empezar a exigir el relevo.