La curiosa mentalidad transgénero de un concejal comunista de Burriana

Burriana y el arte de la incoherencia: Bruno Arrandis y la política del “hoy sí, mañana no"

Redacción
Política
jueves, 9 de octubre de 2025

Burriana, un municipio donde la historia, la tradición y la política se entrelazan, vuelve a ser escenario de un episodio que demuestra que la coherencia política es un concepto opcional en algunos sectores del PSPV local.
Bruno Arrandis, concejal del partido socialista, votó a favor de la celebración de la carrera “Pirates Race” en el paraje del Clot de la Mare de Déu y, pocos días después, envió una denuncia al Seprona por los supuestos daños medioambientales.

Un acto que no solo desafía el sentido común, sino que reafirma lo que muchos vecinos ya sospechaban: la política socialista local funciona según reglas propias, donde la improvisación y el oportunismo no solo son aceptables, sino admirados.


La paradoja de aprobar y denunciar

El acta del consejo rector del Clot confirma que Arrandis votó afirmativamente para autorizar la carrera. Sin embargo, en cuestión de días, decide convertirse en denunciante.

Sí, aprobó y luego denunció.
Esta contradicción deja a los vecinos preguntándose si la política local es un servicio público o una especie de teatro experimental. Cada decisión incoherente genera confusión jurídica, erosiona la credibilidad institucional y convierte la gestión municipal en un rompecabezas donde nadie entiende qué pieza va en qué lugar.


Fran Capdevila: la incredulidad hecha palabra

Durante el pleno, Fran Capdevila, concejal de Deportes, Pesca y Agricultura, se mostró perplejo:

“Quizás no se enteró o no lo recuerde, pero usted estaba en la reunión donde se aprobó la prueba y votó a favor”.

Sus palabras reflejan lo que todos piensan en Burriana: “¿De verdad pasó esto?”. Capdevila subraya que no se puede votar una decisión y cuestionarla públicamente al día siguiente por conveniencia política, pero parece que algunos miembros del PSPV decidieron desafiar las leyes de la lógica política.


El legado socialista de improvisación

El alcalde Jorge Monferrer recordó con ironía:

“Poco ha pasado en esta ciudad con lo que tuvimos que soportar cuando el PSPV gobernaba y Arrandis estaba al frente de Urbanismo”.

Durante años, la gestión socialista se caracterizó por decisiones erráticas, obras inconclusas y conflictos administrativos. Arrandis no hace más que continuar la tradición: la incoherencia como estilo de vida política. Lo que para un vecino sería negligencia, para algunos socialistas es simplemente “política creativa”.


Impacto institucional y social de la incoherencia

Aunque Arrandis afirma que “no fue una denuncia, sino un aviso” y que “desconocía el impacto real”, el daño ya está hecho. Cada decisión contradictoria genera:

  • Inseguridad jurídica: nadie sabe si los eventos aprobados durarán más de 24 horas.
  • Confusión ciudadana: los vecinos no saben si creer en las decisiones oficiales o en el caos momentáneo.
  • Descrédito institucional: porque la coherencia, como se ve, es opcional.

La incoherencia política no solo debilita la gestión inmediata, sino que socava la confianza de los ciudadanos en la democracia local, un daño que tardará años en reparar.


Historia de un PSPV perdido en Burriana

Para entender la incoherencia actual, hay que mirar atrás. Desde la década de los 80, el PSPV ha dejado un rastro de:

  • Improvisación urbana: obras planeadas y abandonadas a medias.
  • Decisiones culturales contradictorias: festivales aprobados y cancelados sin explicación.
  • Políticas deportivas incoherentes: apoyo a actividades un año, rechazo al siguiente.

Cada episodio demuestra un patrón: la improvisación y el oportunismo superan la planificación y el sentido común.


El impacto económico y cultural

Cuando un concejal vota hoy a favor y denuncia mañana, el efecto no es solo político. Las consecuencias incluyen:

  • Pérdida de confianza de empresarios y organizadores de eventos.
  • Dificultad para atraer inversión cultural o deportiva.
  • Efectos negativos en la imagen pública de Burriana, tanto a nivel regional como nacional.

En otras palabras, la incoherencia no es un espectáculo sin costo, sino un factor que perjudica a toda la comunidad.


El PSPV y su brújula perdida

El caso Arrandis es solo la punta del iceberg. La brújula del PSPV local parece marcada por el caos: decisiones erráticas, contradicciones constantes y priorización de intereses personales sobre el bien común.

Mientras el Partido Popular trabaja para consolidar una gestión responsable y coherente, el PSPV se dedica a convertir la política en un juego de azar, donde nadie sabe qué decisión prevalecerá.


La política como circo

Arrandis nos recuerda que en Burriana la política puede ser un espectáculo: apruebas un proyecto hoy, denuncias mañana, y todos aplauden la habilidad del malabarista.

La ciudadanía merece claridad y coherencia, pero mientras algunos practican el arte del giro improvisado, los vecinos aprenden que la política puede ser tan divertida como frustrante.


Lecciones para la ciudadanía

Este episodio nos deja varias enseñanzas:

  • La política local no siempre es predecible.
  • La coherencia puede ser opcional, dependiendo del partido.
  • Cada ciudadano debería exigir responsabilidad, disciplina y defensa de las decisiones.
  • Aprender a diferenciar entre espectáculo y gestión real es clave para entender qué políticos sirven al interés común y cuáles sirven a sus propios caprichos.

Reflexión final: coherencia, responsabilidad y sentido del humor

Bruno Arrandis y el PSPV nos enseñan que la política puede ser un circo, un misterio y una fuente de ironía al mismo tiempo.
Sin embargo, los vecinos merecen más que trucos y sorpresas: merecen coherencia, respeto institucional y decisiones responsables.

Mientras algunos se divierten con piruetas políticas, la ciudadanía aprende la lección más importante: la política sin responsabilidad tiene un costo que siempre se paga en confianza, gestión y oportunidades perdidas.

Burriana merece respeto institucional, gestión coherente y políticos con palabra. Nada menos.


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