La flotilla pide fondos para recuperar sus barcos incautados antes de que Israel los desguace

La “flotilla humanitaria”: el último acto del circo pro-palestino que vive de la provocación

Redacción
Política
viernes, 17 de octubre de 2025

Ya no se esconden. Los autodenominados “activistas por la paz” han lanzado una nueva campaña para recaudar fondos y recuperar los barcos incautados por Israel tras su intento de romper el bloqueo marítimo.
Dicen que es para “seguir luchando por los derechos humanos”. Pero la realidad es mucho más simple y mucho más sucia: quieren dinero para volver a montar su show político.


El negocio del victimismo

Después de desafiar las leyes internacionales, poner en riesgo a sus tripulantes y provocar un conflicto diplomático, ahora pretenden que el público les pague la factura.
Han recaudado ya unos 6.000 euros, una cantidad ridícula para sus planes, pero suficiente para mantener el ruido mediático y alimentar el relato del “pueblo oprimido”.
Y mientras tanto, Israel, con razón, se prepara para destruir las embarcaciones en el puerto de Ashdod, como corresponde a cualquier material incautado en una operación ilegal.

Que no se equivoque nadie: esto no va de ayuda humanitaria, va de ideología, de postureo y de dinero.


La farsa de los “activistas de la paz”

Cada año repiten la misma película: zarpan hacia Gaza sabiendo perfectamente que serán detenidos. Lo hacen no para entregar ayuda, sino para provocar imágenes y titulares que alimenten su causa política.
Son los mismos que gritan “libertad” con una mano y con la otra reciben subvenciones o donaciones de organizaciones radicales que odian a Israel y desprecian a Occidente.

Y cuando la jugada sale mal, se declaran víctimas.
Víctimas de un Estado que simplemente hace cumplir la ley.
Víctimas de su propio ego político.


Europa se harta de su teatro

Países como Portugal, Suiza, Italia o Grecia ya se han negado a pagar los vuelos de repatriación de sus “héroes”.
Les han dicho, con toda la razón del mundo, que fueron a Gaza bajo su responsabilidad.
Porque cuando uno decide desafiar la ley internacional y poner en riesgo a otros, no puede esperar que su país le rescate con fondos públicos.

En cambio, España volvió a hacer el ridículo: envió aviones militares y asumió todos los costes de repatriación, como si se tratara de cooperantes secuestrados y no de activistas irresponsables.
Una vergüenza que demuestra cómo el Gobierno de Sánchez sigue premiando la insumisión y castigando el sentido común.


Israel actúa con firmeza y coherencia

El Estado israelí tiene claro su deber: proteger a sus ciudadanos y hacer cumplir sus leyes.
Por eso no devolverá los barcos a quienes intentaron usarlos para romper un bloqueo legítimo y aprobado internacionalmente.
Y si los destruye en Ashdod, no será un acto de venganza, sino de justicia y disuasión.

Los que ahora lloran por sus embarcaciones deberían preguntarse cuántas vidas pusieron en riesgo con su aventura política.


##La solidaridad no se hace con selfies ni provocaciones

Los verdaderos cooperantes no hacen campañas en redes ni se dejan detener para conseguir un titular.
Trabajan en silencio, en el terreno, ayudando a las personas y no a las causas políticas.

La “flotilla” no es más que el espejo del cinismo progresista:
una mezcla de ideología, victimismo y marketing barato.
Y lo peor es que lo pagan los ingenuos que aún creen que todo esto va de paz y justicia.

Israel hace bien en cerrar este capítulo con firmeza.
Y Europa haría bien en no financiar ni un euro más a quienes confunden activismo con provocación, y solidaridad con negocio.


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