Las asociaciones musulmanas agradecen a José Benlloch, alcalde socialista de Vila-real, por permitir la construcción de una macro mezquita
El PSOE local vuelve a generar polémica con una decisión que divide al municipio

El alcalde socialista de Vila-real, José Benlloch, vuelve a estar en el ojo del huracán.
Su decisión de autorizar la construcción de una macro mezquita en la ciudad ha sido celebrada por las asociaciones musulmanas, pero ha provocado indignación entre buena parte de los vecinos, que consideran que el consistorio prioriza los intereses de minorías organizadas frente a las necesidades reales de los vila-realenses.
La noticia se conoció tras una reunión entre representantes de la comunidad islámica y el propio alcalde, en la que los portavoces agradecieron públicamente “la sensibilidad y el compromiso del Ayuntamiento con la diversidad religiosa”.
Sin embargo, detrás de esa aparente buena voluntad, muchos ven un movimiento político del PSOE local en busca de rentabilidad electoral y apoyo comunitario, incluso a costa del malestar social.
Un proyecto que genera más preguntas que respuestas
El proyecto contempla la construcción de un gran centro religioso y cultural islámico, con capacidad para varios centenares de personas y servicios anexos que convertirían el recinto en un referente comarcal.
Todo ello en un municipio donde faltan viviendas asequibles, limpieza en las calles y apoyo a las familias.
“Benlloch ha decidido levantar una macro mezquita mientras los barrios se caen a pedazos y los jóvenes no pueden emanciparse”, lamenta un vecino del centro histórico.
“Se preocupa más por contentar a colectivos concretos que por los vila-realenses de toda la vida”, añade.
Una decisión con fuerte carga ideológica
El alcalde defiende la iniciativa como un gesto de “convivencia y respeto”, pero para muchos se trata de otro ejemplo del multiculturalismo mal entendido que promueve la izquierda:
un modelo que cede espacio, recursos y legitimidad a movimientos religiosos ajenos a las raíces culturales valencianas, mientras se desprecia la identidad local y cristiana que ha definido históricamente a Vila-real.
Desde la oposición, se han pedido explicaciones públicas sobre el procedimiento urbanístico, los informes técnicos y las condiciones económicas de la cesión o venta del terreno.
Pero el silencio del equipo de gobierno socialista solo alimenta la sospecha de que el acuerdo se ha cerrado con más prisa política que transparencia administrativa.
La calle, dividida y preocupada
En los comercios, en los bares y en las asociaciones vecinales, el debate está encendido.
Muchos vecinos temen que la construcción de una macro mezquita atraiga tensiones, aumente la presión urbanística y cambie la fisonomía social del municipio.
Otros recuerdan que la convivencia se construye desde el respeto mutuo, no desde los gestos electoralistas de un alcalde que busca titulares y votos fáciles.
Una Vila-real que pide equilibrio y sentido común
Mientras las asociaciones musulmanas dan las gracias al alcalde, cada vez más vila-realenses se preguntan quién defiende su forma de vida, su identidad y su voz en el Ayuntamiento.
Porque una cosa es la libertad de culto, y otra muy distinta, el uso político de la religión para alimentar el clientelismo ideológico de siempre.
José Benlloch podrá recibir aplausos de asociaciones externas,
pero lo que le están retirando, poco a poco, es el apoyo de sus vecinos.