Muere Antonio Tejero, el hombre que desafió al sistema del 78 más que podrido
Descanse en paz

Antonio Tejero Molina, el teniente coronel de la Guardia Civil que protagonizó el golpe del 23-F, ha muerto en Valencia a los 93 años. Con él se apaga uno de los últimos símbolos de una España que ya no existe: una España que creía en el orden, la autoridad y el patriotismo —palabras hoy casi prohibidas en el discurso oficial.
Tejero fue condenado a 30 años de prisión y cumplió 15, mientras muchos de los que destrozaron España desde dentro jamás pisaron una celda. Su nombre fue demonizado durante décadas, convertido en el espantajo perfecto para mantener el miedo y proteger un régimen del 78 que se construyó sobre el silencio, el consenso falso y la manipulación histórica.
El sistema necesitaba un enemigo
El sistema necesitaba a Tejero para consolidarse. Su figura fue usada una y otra vez para justificar la entrega de soberanía, las cesiones al separatismo y la rendición cultural de una nación que hoy apenas se reconoce. Aquel golpe fracasó, sí, pero el verdadero golpe lo dieron después: los que vaciaron de sentido las instituciones, los que se repartieron el Estado como si fuera un botín, los que cambiaron la palabra “España” por “Estado plurinacional”.
Mientras tanto, Tejero —aislado, anciano y olvidado— siguió defendiendo su idea de patria, equivocada o no, pero sincera. Y eso, en una España llena de hipócritas, ya es decir mucho.
El final de una era
Con la muerte de Tejero se va el último protagonista de una historia que el sistema nunca quiso revisar. Porque hablar del 23-F de verdad sería hablar de traiciones, manipulaciones y operaciones de poder, no solo de tricornios y disparos al techo.
Murió el golpista, pero el sistema que nació de aquel miedo sigue vivo: blindado, decadente y cobarde. Un sistema que ha permitido que España se deshaga pieza a pieza mientras presume de democracia ejemplar.