"¡Qué gordito has salido de Auschwitz!": la frase de un diputado del PP al de Compromís que fue a la Flotilla
El victimismo de Compromís: Juan Bordera monta un drama por una frase mientras justifica su viaje a la Flotilla

El diputado de Compromís convierte una broma en una ofensa nacional para tapar su viaje ideológico a Gaza
El diputado de Compromís, Juan Bordera, ha vuelto a poner en escena el manual más viejo de la izquierda: el del victimismo político. Tras participar en la Flotilla Rumbo a Gaza —interceptada por Israel al intentar entrar ilegalmente en una zona bloqueada—, Bordera regresó a España dispuesto a hacer ruido. Y lo ha conseguido.
En el Congreso, según varios testigos, un diputado del Partido Popular le habría soltado en tono irónico:
«¡Qué gordito has salido de Auschwitz!»
Una frase sin duda desafortunada, pero que Bordera ha convertido en un escándalo mediático, exigiendo condenas públicas, comunicados y titulares. Eso sí, ni una palabra sobre su irresponsable participación en una expedición ideológica que ha puesto en entredicho el papel de España en Oriente Medio.
Del “activismo” a la sobreactuación
Conviene recordar que Juan Bordera no viajó a Gaza para ayudar a nadie, sino para hacer política internacional desde el sectarismo. Mientras otros países —Portugal, Suiza o Italia— marcan distancia y cobran a sus activistas los vuelos de regreso, España sigue asumiendo los costes con dinero público, como si el Estado tuviera que financiar la propaganda de una izquierda radicalizada y moralmente extraviada.
Compromís se presentó como adalid de los derechos humanos, pero el resultado fue una pantomima que terminó con deportaciones, quejas diplomáticas y titulares vergonzosos. Y ahora, Bordera pretende convertirse en víctima porque alguien le lanzó una ironía en los pasillos del Congreso.
El arte del victimismo como estrategia política
El caso Bordera demuestra una vez más que la izquierda no sabe asumir responsabilidades. Cuando se ve acorralada por su propia incoherencia, se refugia en la ofensa. No discute hechos, llora titulares.
Compromís ha exigido condenas, comunicados y hasta disculpas públicas, mientras elude explicar:
Qué hacía un diputado valenciano en una flotilla de dudosa legalidad.
Cuánto costó el viaje y quién lo pagó.
Qué beneficios reales tuvo para España o para los palestinos.
Lo dicho: una operación de propaganda encubierta de “solidaridad”.
El PP evita entrar al trapo
Desde el Partido Popular, las fuentes consultadas señalan que el comentario no fue más que una ironía política, sin intención de ofender ni de banalizar tragedias históricas. Aun así, el PP ha optado por no alimentar la polémica, sabiendo que cada lágrima de Compromís se traduce en minutos de telediario.
Mientras tanto, Bordera sigue haciendo declaraciones y entrevistas en las que repite el relato de la víctima: el “perseguido”, el “valiente”, el “comprometido”. Un guion tan previsible que ya ni emociona ni convence.
La izquierda que se alimenta del agravio
Lo que molesta a muchos españoles no es la frase del PP, sino la hipocresía del discurso de Bordera y compañía. Hablan de “paz” mientras se alinean con causas que legitiman la violencia; dicen defender “los derechos humanos” mientras atacan a los aliados democráticos de España.
Y cuando alguien les recuerda sus incoherencias, gritan “odio”. No buscan justicia, buscan cámaras. Porque en la España de hoy, el victimismo se ha convertido en la última trinchera electoral de la izquierda.
Bordera, un héroe de papel
Juan Bordera no ha vuelto de Gaza como un héroe, sino como un actor secundario en su propio teatro de victimismo. Su escándalo no tiene que ver con derechos humanos ni con memoria histórica, sino con su necesidad de seguir en el foco mediático.
Lo que debería preocuparle a Bordera no es una frase irónica, sino la irresponsabilidad de haber usado el nombre de España para fines partidistas.
Y mientras se indigna por una broma, las piscinas municipales de su tierra se caen a pedazos, el paro sigue subiendo y los vecinos siguen esperando soluciones reales.
Menos lágrimas, más responsabilidad. España no necesita mártires de plató, sino políticos que trabajen con la cabeza y no con el titular.