Benlloch presume de entregar cerca de 80.000 euros anuales a Ashiovi, la asociación de hosteleros de Vila-real. Mucho escenario, muchos aplausos y mucha fotografía. Pero cuando toca explicar en qué se gasta el dinero de los vecinos, empieza el silencio.
Cuatro chefs, un padrino famoso, un maestro de la pastelería, discursos institucionales, focos, fotografías y aplausos. La decimoséptima edición de las jornadas de la Olla de la Plana volvió a convertir el Teatro Tagoba en un escaparate gastronómico. Todo muy bonito para la foto. Todo muy bien para el titular de prensa.
Pero hay una pregunta que el Ayuntamiento de Vila-real, con José Benlloch al frente, todavía tiene que responder con documentos y cifras: ¿cuánto cuesta realmente este espectáculo y quién paga cada factura?
Porque organizar eventos está muy bien. Presumir de gastronomía local también. Lo que no está tan bien es utilizar dinero público y pretender que los vecinos se conformen con los aplausos mientras nadie les presenta la factura completa.
80.000 EUROS DE DINERO PÚBLICO: BENLLOCH PONE LA CIFRA, PERO FALTA LA LETRA PEQUEÑA
Fue el propio alcalde quien recordó que el Ayuntamiento mantiene un convenio anual de cerca de 80.000 euros con la Associació d'Hostaleria i Oci de Vila-real (Ashiovi).
Ochenta mil euros. Dinero público que sale de las arcas municipales y que, por tanto, merece una explicación pública a la altura de la cantidad.
Y aquí empieza el problema.
¿Cuánto dinero de ese convenio se destina a las jornadas de la Olla de la Plana? ¿Cuánto se dedica a otras actividades? ¿Qué facturas se presentan? ¿Qué gastos se consideran subvencionables? ¿Qué objetivos concretos se fijan? ¿Quién comprueba que se cumplen?
No estamos acusando a nadie de haberse quedado con un euro. Estamos exigiendo algo mucho más sencillo: que se explique, con papeles y números, dónde termina el dinero de los contribuyentes.
Porque un convenio no es un cheque en blanco. Y una asociación privada, por legítima que sea su actividad, no puede quedar al margen de la fiscalización que corresponda cuando recibe fondos públicos.
Los vecinos de Vila-real no tienen por qué financiar a ciegas. Bastante cuesta ya llenar la nevera, pagar la luz, hacer frente a los impuestos municipales y llegar a final de mes como para que después tengan que conformarse con un «todo ha ido fenomenal» cuando preguntan por el destino de su dinero.
JUAN ECHANOVE: ¿INVITADO, PADRINO O CONTRATADO? QUE SE ACLARE
La presencia de Juan Echanove aporta notoriedad al evento. Su trayectoria como actor es conocida y su participación puede ayudar a dar visibilidad a la gastronomía de la Plana.
Pero precisamente porque hablamos de un acontecimiento organizado con apoyo municipal, hay cuestiones que deben aclararse.
¿Ha cobrado Echanove por ejercer de padrino de esta edición? ¿Ha participado gratuitamente? ¿Ha recibido algún pago en concepto de colaboración, intervención o desplazamiento? Si existe una remuneración, ¿quién la ha abonado: Ashiovi, un patrocinador privado o alguna administración pública?
Y si no ha cobrado, ¿puede confirmarse documentalmente?
No afirmamos que Juan Echanove haya cobrado ni que exista ninguna irregularidad. Precisamente por eso preguntamos: porque los datos publicados no permiten saberlo.
Lo mismo cabe plantear respecto a los cuatro chefs invitados desde Valladolid, Calp, Elx y Vinaròs. ¿Se han abonado honorarios? ¿Quién ha asumido sus viajes, alojamiento y manutención? ¿Qué empresa ha organizado el acto y cuánto ha facturado?
Son preguntas normales en cualquier evento financiado, total o parcialmente, con dinero público.
Lo verdaderamente extraordinario sería que alguien pretendiera que hacerlas constituye una falta de respeto.
LA OLLA POPULAR: ¿QUIÉN PAGA LOS INGREDIENTES Y CUÁNTO CUESTA CADA RACIÓN?
La gastronomía no se cocina con discursos. Se cocina con ingredientes, personal, instalaciones, transporte, electricidad y trabajo.
Por eso también hay que preguntar quién paga la degustación popular, cuánto cuesta su organización, cuántas raciones se preparan y qué proveedores suministran los productos.
¿Los ingredientes los compra Ashiovi? ¿Hay aportaciones de empresas privadas? ¿Participa económicamente el Ayuntamiento? ¿Se utilizan recursos municipales? ¿Existen patrocinios que reduzcan el coste final?
Y, sobre todo, ¿cuál es el presupuesto total de las jornadas?
Porque una cosa es que el convenio anual ascienda a cerca de 80.000 euros y otra, muy distinta, afirmar que todo ese dinero se destina a la olla. Sin la documentación desglosada no se puede establecer esa relación, y sería irresponsable hacerlo.
Lo que sí puede exigirse es transparencia. Si las cuentas están claras, publicarlas debería ser la forma más sencilla de cerrar cualquier duda.
DIECISIETE EDICIONES Y TODAVÍA FALTA LO MÁS IMPORTANTE: MEDIR LOS RESULTADOS
Las jornadas se extienden durante noviembre y cuentan con la participación anunciada de 16 establecimientos. Además, el programa incluye el concurso popular previsto para el 24 de octubre en la plaza de la Vila.
La iniciativa puede tener valor gastronómico, cultural y turístico. Nadie discute que la hostelería local merezca apoyo ni que promocionar los productos tradicionales pueda beneficiar a Vila-real.
Pero hay una diferencia enorme entre promocionar una actividad y justificar el dinero público que la sostiene.
¿Cuántos visitantes atraen realmente las jornadas? ¿Cuántas personas llegan desde fuera del municipio? ¿Qué incremento de facturación experimentan los establecimientos participantes? ¿Cuántos empleos se generan o mantienen gracias a la iniciativa? ¿Qué parte de los costes asumen los organizadores y qué parte los contribuyentes?
No basta con anunciar que participan numerosos locales o que el acto ha llenado un teatro. La asistencia a una presentación no demuestra por sí sola el retorno económico de una subvención.
Si el Ayuntamiento considera que estos 80.000 euros son una buena inversión, que presente los resultados. Y si no dispone de indicadores para medirlos, que explique por qué entrega dinero público sin poder acreditar con claridad qué obtiene Vila-real a cambio.
Eso es gestionar. Lo demás es propaganda institucional.
BENLLOCH NO PUEDE CONFUNDIR UN CONVENIO CON UN APLAUSO
El problema de fondo no es una olla, un actor ni una jornada gastronómica. El problema es la forma en que se explica —o se deja de explicar— el gasto público.
El alcalde puede salir al escenario, hacerse fotografías y celebrar las virtudes de la gastronomía local. Está en su derecho. Pero cuando anuncia un convenio de cerca de 80.000 euros, también debe estar dispuesto a explicar qué financia, cómo se justifica y qué controles se aplican.
Porque el dinero no sale del bolsillo particular de José Benlloch. Sale de los impuestos que pagan los vecinos de Vila-real.
Y esos vecinos tienen necesidades que no se resuelven con una presentación en el Tagoba: calles que mantener, servicios que prestar, instalaciones municipales que conservar y una administración que debe priorizar cada euro.
Cada subvención merece un examen serio. No porque las asociaciones sean sospechosas por definición, sino porque el dinero público exige responsabilidad, controles y resultados.
La transparencia no consiste en anunciar cuánto dinero se entrega. Consiste en explicar después, con documentos verificables, a dónde ha ido y para qué ha servido.
LO QUE DICE LA LEY: LOS VECINOS TIENEN DERECHO A PREGUNTAR
La Ley 19/2013, de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno, establece obligaciones de publicidad activa para las administraciones y reconoce el derecho de acceso a la información pública, con los límites legalmente previstos.
Los convenios, las subvenciones, sus condiciones y su justificación deben examinarse conforme a las obligaciones de publicidad y acceso aplicables en cada caso. También deben tenerse en cuenta las normas sobre subvenciones y la documentación justificativa que corresponda.
Quien firma este artículo ha solicitado formalmente información al Ayuntamiento sobre este asunto. Ahora toca esperar una respuesta que permita conocer los documentos, los importes y el destino de los fondos.
Si la información no llega dentro del plazo legal aplicable, o se produce una denegación que no se considera justificada, existen vías para reclamar ante el órgano de transparencia competente.
No se pide ningún privilegio. Se pide ejercer un derecho.
LAS PREGUNTAS QUE BENLLOCH DEBE RESPONDER
¿Cuál es el coste total de la decimoséptima edición de las jornadas de la Olla de la Plana?
¿Qué importe del convenio anual de cerca de 80.000 euros con Ashiovi se destina específicamente a esta iniciativa?
¿Ha cobrado Juan Echanove por su participación? Si es así, ¿quién ha pagado y cuánto?
¿Qué gastos se han abonado por los chefs invitados, incluidos honorarios, desplazamientos y alojamiento?
¿Quién financia los ingredientes, las degustaciones, el montaje y los servicios de organización?
¿Qué facturas, justificantes y memorias de actividad ha presentado Ashiovi para acreditar el uso de los fondos recibidos?
¿Qué resultados económicos y turísticos se han medido para justificar la continuidad de esta financiación?
Siete preguntas. Ninguna acusa a nadie de cometer un delito. Ninguna exige revelar datos protegidos. Todas buscan conocer cómo se administra el dinero de los vecinos.
Y, sin embargo, mientras no se publiquen respuestas documentadas, la duda seguirá ahí.
UNA OLLA PUEDE ALIMENTAR A MUCHOS. LA OPACIDAD NO DEBERÍA ALIMENTAR A NADIE.
Vila-real merece una hostelería fuerte, unas tradiciones vivas y una gastronomía que atraiga visitantes. Pero también merece un Ayuntamiento que no se limite a vender éxitos en una tarima mientras las cuentas esperan en un despacho.
Si la Olla de la Plana es una inversión magnífica para la ciudad, que lo demuestren los números. Si Juan Echanove ha participado gratuitamente, que se aclare. Si existen patrocinadores privados, que se identifiquen las aportaciones que puedan hacerse públicas. Si cada euro está justificado, que se enseñen los documentos.
Lo que no vale es pedir confianza ciega cuando se administra dinero ajeno.
Benlloch puede presumir de la olla todo lo que quiera. Pero los vecinos tienen derecho a saber cuánto cuesta el espectáculo, quién paga cada factura y qué beneficio obtiene Vila-real.
Porque la tradición se respeta. La hostelería se apoya. Y la cultura se promociona.
Pero el dinero público se justifica.
La olla lleva diecisiete ediciones hirviendo. Ha llegado la hora de levantar la tapa, sacar las cuentas y dejar de confundir los aplausos con la transparencia.






