Sánchez desafía a Trump al unirse a Petro y Lula en una cumbre marcada por las ausencias y la ofensiva de EEUU en el Caribe

Pedro Sánchez es más fan de las FAR

Redacción
Política
lunes, 10 de noviembre de 2025

El presidente español se posiciona junto al eje izquierdista latinoamericano mientras Washington refuerza su influencia en la región


El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha vuelto a situar a España en el terreno de la ambigüedad internacional.
En plena tensión geopolítica entre Estados Unidos y el bloque de izquierdas latinoamericano, Sánchez ha decidido alinearse con Gustavo Petro y Luiz Inácio Lula da Silva en una cumbre que muchos califican como una provocación diplomática frente a los intereses de Washington.

El encuentro, celebrado sin la presencia de grandes potencias occidentales, reunió a los principales líderes de la izquierda continental, que aprovecharon el escenario para cuestionar la política estadounidense en el Caribe y América Latina.
Mientras tanto, la Casa Blanca intensifica su ofensiva diplomática y económica en la región, buscando frenar la influencia de China, Rusia y los regímenes populistas aliados de La Habana.


España se aleja de su tradicional papel de mediador

Con esta nueva jugada, Sánchez rompe el equilibrio histórico de la política exterior española, tradicionalmente cercana a los valores democráticos de Occidente.
En su lugar, abraza el discurso del “nuevo progresismo latinoamericano”, impulsado por líderes como Petro, Lula o el propio López Obrador, marcados por su antiamericanismo y su defensa de modelos intervencionistas.

Diplomáticos consultados califican el gesto de “torpeza estratégica”:

“España pierde peso en Europa y ahora también credibilidad en América Latina.
Sánchez busca protagonismo donde solo hay ruido ideológico y gestos vacíos.”


Una cumbre sin rumbo y con ausencias notables

A la reunión no acudieron los principales socios europeos ni los aliados democráticos más firmes de la región, que ven con recelo el acercamiento de Sánchez a líderes cuestionados por sus vínculos con el chavismo y la agenda del Foro de São Paulo.

Mientras EEUU refuerza su presencia militar y diplomática en el Caribe —ante el avance de intereses rusos y chinos en la zona—, España queda al margen, jugando a ser “neutral” pero alineándose de facto con el bloque populista latinoamericano.


El “anti-Trumpismo” como bandera política

El movimiento de Sánchez tiene además una lectura electoral y simbólica: presentarse como el contrapeso ideológico al trumpismo internacional, un discurso que comparte con Petro y Lula.
Sin embargo, en la práctica, su posición debilita a España dentro del eje atlántico y aísla su figura de los socios tradicionales de la UE y la OTAN.

“Sánchez no representa la diplomacia española, representa su propia agenda ideológica”, denuncian analistas internacionales.


Conclusión: ideología por encima de los intereses nacionales

Mientras el resto de Europa refuerza la alianza con Estados Unidos frente a los nuevos desafíos globales, Sánchez opta por abrazar a los viejos fantasmas del socialismo latinoamericano, apostando por fotos y discursos que no generan inversión ni influencia real para España.

En un momento en que Trump lidera las encuestas en EE.UU. y puede volver a la Casa Blanca, el gesto de Sánchez equivale a un desafío directo que podría tener consecuencias diplomáticas y económicas.


España necesita política exterior, no propaganda ideológica.
Pero con Sánchez, el país vuelve a ser el juguete de su ambición personal y su complejo ideológico.

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