Solidario con Colombia, tibio con la Sierra de Espadán: las prioridades de Benlloch, a examen
819 beneficiados en Colombia con 11.400 €, y solo 15 vecinos de la comarca acogidos en el propio albergue de Vila-real durante el incendio

Vila-real ha participado esta semana en la Junta Ejecutiva del Fondo Valenciano por la Solidaridad, que ha aprobado un proyecto de emergencia para atender a personas afectadas por los terremotos de Colombia: 11.400 euros destinados a repartir kits de primera necesidad entre 819 personas de las zonas más golpeadas. La misma sesión ha abordado también la situación humanitaria en Palestina, con la participación de la directora ejecutiva de UNRWA España. Son causas legítimas, y nadie discute que merezcan solidaridad. Pero la solidaridad, para que signifique algo, tiene que empezar por casa. Y ahí el contraste resulta difícil de ignorar. Cuando el incendio de la Sierra de Espadán obligó a evacuar a miles de personas de los municipios de la comarca este verano, el albergue municipal de Vila-real acogió a 15 personas —los evacuados de Suera, trasladados tras pasar la noche en el albergue de Ribesalbes—. Mientras tanto, otros municipios cercanos asumieron un esfuerzo muy superior: Onda acogió a 150 personas, Nules a otras 150, y Moncofa a 206, según los datos de Cruz Roja en los albergues habilitados durante la emergencia. La pregunta no es si Vila-real tiene capacidad o no para alojar a más gente —Suera no es el único municipio que necesitó realojo durante aquellos días—, sino por qué una ciudad con los recursos y la infraestructura de Vila-real asumió una fracción tan pequeña del esfuerzo colectivo frente a una catástrofe que estaba ocurriendo a apenas unos kilómetros, mientras su gobierno encuentra margen presupuestario y protagonismo institucional para proyectos de cooperación internacional. No se trata de elegir entre ayudar fuera o ayudar en casa: un municipio puede y debe hacer ambas cosas. El problema es cuando la foto de la solidaridad internacional —la Junta Ejecutiva, los kits para Colombia, la comparecencia sobre Palestina— se luce con más facilidad que el esfuerzo, mucho menos vistoso pero mucho más urgente, de abrir las puertas de par en par a los vecinos de la propia comarca cuando el fuego les quema la casa. Vila-real tiene margen de sobra para ser solidaria con el mundo. Lo que debería explicar Benlloch es por qué, cuando la emergencia estaba a las puertas de casa, ese mismo margen se quedó en apenas 15 personas.