Vox salta por los aires en Burriana: dos concejales dimiten tras dinamitar el pacto y traicionar a sus votantes
La mano negra de Jesús Albiol les perseguirá

Burriana ha sido testigo de uno de los mayores espectáculos de incoherencia política de los últimos años.
Vox, el partido que decía defender los impuestos bajos y la clase media trabajadora, ha terminado votando en contra de la bajada del IBI, dejando en evidencia su falta total de criterio, su desconexión con la realidad y su desprecio hacia los propios vecinos que les dieron su confianza.
El resultado no podía ser otro: dos concejales han renunciado a su acta, consumando el hundimiento de Vox en la ciudad.
Juan Canós, exconcejal de Urbanismo, y Antonio Ferrándiz, exedil de Seguridad Ciudadana, han abandonado el barco después de ser expulsados del gobierno municipal por el alcalde Jorge Monferrer, harto de su deslealtad y de su nula voluntad de trabajar por Burriana.
De la promesa al esperpento
Vox Burriana se ha convertido en el ejemplo perfecto de lo que no debe ser un partido político.
De prometer regeneración, han pasado a ser un grupo dividido, sin rumbo y dominado por egos personales.
Lo que empezó como una esperanza de renovación se ha transformado en una jaula de grillos, donde prima el orgullo sobre el interés de los ciudadanos.
El pleno donde se debatió la bajada del IBI fue el detonante.
Mientras el equipo de gobierno del Partido Popular defendía una rebaja responsable y beneficiosa para las familias, Vox votó en contra de aliviar los bolsillos de los burrianenses.
Una traición política de libro, que dejó perplejos incluso a sus propios votantes.
El alcalde Monferrer tuvo que imponer orden y sentido común.
Cesó a los concejales desleales y siguió adelante con la bajada del IBI, demostrando que Burriana no se gobierna con gestos ni con ideología hueca, sino con hechos y compromiso.
Jesús Albiol, el arquitecto del desastre
Detrás de todo este esperpento político está un nombre: Jesús Albiol.
Su ambición personal, su falta de disciplina y su empeño en convertir la política local en su plataforma personal hacia Madrid han sido el origen del caos en Vox Burriana.
Albiol se negó a apoyar la bajada del IBI alegando que “quería una reducción mayor”, una excusa tan ridícula como vacía.
La realidad es que lo que buscaba era romper el pacto con el PP para ganar protagonismo, aunque eso significara castigar a los propios vecinos de Burriana.
El resultado ha sido el contrario: ha destruido su reputación y ha arrastrado a Vox a la ruina local.
Hoy, incluso dentro del propio partido, nadie lo quiere cerca.
Su nombre se asocia al fracaso, la deslealtad y la soberbia política.
Burriana no olvidará fácilmente quién antepuso su ego a las necesidades reales del municipio.
Llanos Massó y el caos provincial
El hundimiento de Vox en Burriana no es un hecho aislado.
Es el reflejo del caos absoluto que reina en Vox Castellón bajo el mando de Llanos Massó, incapaz de mantener unido un partido que ya acumula dimisiones, expulsiones y concejales que se pasan al grupo mixto por toda la provincia.
Mientras los municipios necesitan soluciones reales, Massó y su entorno siguen instalados en la propaganda, la imposición y el despotismo, decidiendo desde Valencia o Madrid sin escuchar a los que dan la cara en los plenos.
Esa es la receta perfecta para el desastre: una dirección desconectada y unos portavoces locales más pendientes de su sillón que de sus vecinos.
Vox en Castellón se desintegra a pasos agigantados.
Su discurso ya no convence, su estructura se derrumba y su credibilidad se ha evaporado.
De ser “la alternativa” han pasado a ser un chiste político, incapaces de sostener ni un solo acuerdo municipal.
Burriana sigue adelante sin ellos
Y mientras Vox se autodestruye, Burriana avanza.
El alcalde Monferrer ha demostrado que la gestión, la coherencia y el sentido común siempre prevalecen sobre la crispación y el teatro político.
La bajada del IBI ya es una realidad, pese a los votos en contra de quienes decían defender a los españoles.
Los vecinos lo tienen claro:
quien trabaja por Burriana sigue al frente;
quien traiciona, se queda fuera.
El tiempo pondrá a cada uno en su sitio.
Y Vox, después de este espectáculo bochornoso, ya ha demostrado cuál es el suyo: la irrelevancia.