Hace unos días, el Ayuntamiento de Vila-real publicó un mensaje precioso con motivo del Día del Comercio Local: "un comercio vivo da vida a la ciudad", "cada tienda mantiene el latido de nuestras calles". Es difícil estar en desacuerdo con una frase así. Lo que sí se puede discutir es lo que hay detrás: qué ha hecho el gobierno de José Benlloch, y en particular la concejalía de Comercio de Xus Madrigal, para que ese latido no se apague.
La respuesta oficial se resume en lemas, campañas y fechas señaladas. Vila-real se adhirió al Día del Comercio Local en 2021 mediante una declaración institucional del Pleno. Una declaración institucional no paga un alquiler, no baja una tasa y no trae un cliente a una tienda que está vacía a las seis de la tarde.
Los hechos que sí constan tienen un tamaño modesto. La última gran cita comercial de la que hay noticia, la Fira de l'Estoc de septiembre, reunió a trece comercios en unas veinticinco carpas de la Plaza Mayor, mientras UCOVI agrupa a cerca de 110 establecimientos. Es una buena foto, pero apenas alcanza a una fracción del sector. Y en un texto municipal, el propio gobierno reconoce que la tarjeta Fem Poble, que se presentaba como herramienta de apoyo al comercio, no se ha repetido esta vez. Si el plan estrella no continúa, la pregunta es qué lo sustituye.
Nos dicen que el esfuerzo de Vila-real en favor de sus comercios "no tiene comparación en ninguna otra ciudad". Una afirmación así exige datos, y los datos no se ofrecen. ¿Cuántos comercios han abierto y cuántos han cerrado desde 2021? ¿Cuántos locales vacíos hay en el centro? ¿Cuánto dinero ha llegado directamente a los autónomos, y no a la organización de eventos? ¿Quién evalúa si estas campañas aumentan las ventas o solo llenan una mañana de sábado?
Ese es el problema de fondo: una política comercial de escaparate. Mucha comunicación, muchas fotos con la asociación, muchos eslóganes en valenciano y castellano, pero ningún balance a la vista. Y el concejal de Comercio es también el concejal de Comunicación, de modo que quien debe medir los resultados es la misma persona que los anuncia.
Mientras tanto, el pequeño comerciante compite contra las grandes superficies y las ventas por internet, sube la factura de la luz, sube el alquiler y baja el paso por la calle. Necesita medidas concretas: ayudas directas rápidas, incentivos para ocupar los locales vacíos, aparcamiento y accesibilidad en el centro, y una mesa de trabajo donde el comercio no sea un invitado de honor sino un socio.
Vila-real no necesita otro Día del Comercio como el de hace unos días, con declaración y mensajes en redes. Necesita que el alcalde y su concejal publiquen cuántas tiendas han abierto y cerrado, cuánto se ha gastado y con qué resultado. Si las cifras son tan buenas como dicen, no tendrán problema en enseñarlas. Si no lo son, los vecinos tienen derecho a saberlo.






